jueves, 6 de octubre de 2011

2/ Julio/ 2011

Nos tocaba recoger todo, montar las mochilas y poner rumbo a Chittoagarht. Íbamos un poco preocupados porque Guille estaba malo de la tripa y no sabíamos si la cosa se agravaría. Se encontraba muy flojo, pero a base de suero conseguimos llegar a este pequeño pueblo y ver el fuerte. Es tan grande que hay que verlo por partes e ir subiendo en coche.




Aquí había muchísimo turismo hindú, gente que nunca había visto un europeo... En ese momento comprendí el acoso que sienten los famosos cuando les piden fotos y son grabados y fotografiados sin permiso. 

Hubo una de las partes del fuerte que no pudimos verla por el acoso que teníamos. 

A la salida, nos hicieron firmar un libro de visitas. Este momento fue muy gracioso, porque cuando Guille terminó de poner “El fuerte es precioso pero esto es un acoso” había un corro de 30 personas haciéndonos fotos y grabándonos en vídeo.














Después de ver entero el fuerte y disfrutar de las vistas, llegamos a Pushkar. Este pueblo es pequeñísimo pero tiene un gran encanto. Como siempre, preguntamos en cuatro guest house y al final dormimos en uno muy familiar que se llama Manyur Guest House. La noche nos contó 200 Rs, con baño individual y ventilador. 

Aprovechamos para comprar encargos que teníamos desde España, y algunas cosas para nosotros como colchas, pañuelos, bolsos…Aquí también hicimos amigos y les regalamos a una familia un paquete de rotuladores. Me encantaba ver a cara de felicidad que ponían los pequeños. 

En Pushkar no pudimos ver ver los dos templos que había. Uno porque sólo se permitía la entrada a practicantes del budismo y el otro porque no teníamos con que cubrirnos la cabeza. Lo que si que pudimos hacer fue disfrutar de otro atardecer precioso en uno de sus Ghats (mientras volvíamos a comer patatas fritas y coca-cola). Ese momento fue genial, un momento de paz absoluta con el sonido del jambe por detrás y un paisaje precioso por delante...


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