Último día en Delhi. Por una parte estábamos tristes porque se acababa esta gran aventura, pero también estábamos muy contentos de volver a España, ver a la familia y poder comer lo que no está escrito.
No se si os lo he contado, pero en los largos trayectos de coche, íbamos haciendo una lista de las comidas que nos apetecían en ese momento. La verdad es que era un poco auto tortura, pero pasábamos un buen rato por la entonación que dábamos a cada plato.
Este día intenté desayunar algo a pesar de que mi estómago ya estaba en las últimas. Guille, para esta comida del día no tenía problemas, había huevos duros y le gustan pero a mi me dan mucho asco, así que me conformaba con una tostada de mantequilla.
Una vez que desayunamos e hicimos las mochilas las bajamos a recepción. Tengo que deciros que para que nos cerrasen las mochilas, tuvimos que dejar mucha ropa y calzado que llevábamos para el viaje.
Una vez que pagamos el hotel con tarjeta, porque nos quedaban las rupias justas para pasar el día, fuimos en busca del Palika Bazar, aquel que no encontramos dos días atrás.
En vez de coger un tuk tuk en la puerta del hotel, paseamos un poco hasta la calle principal. Mientras lo hacíamos íbamos comentado que, a pesar de que todos los días nos ofrecían droga, nunca la habíamos visto. Si antes decimos algo, antes vemos a un hombre en mitad de la calle (literal) en cuclillas y calentando su futura dosis, mientras un grupo de 6 niños salían del colegio. Lo mismo sucedía en el callejón siguiente, solo que estos estaban un poco más escondidos.
Una vez que conseguimos un tuk tuk más barato que el de la otra vez, nos dejó casi en la puerta del bazar en la zona de Connaught Place. Tuvimos que preguntar varias veces hasta que dimos con el.
Es un bazar subterráneo, con muchísimas tiendas y pasillos laberínticos. Yo, que soy una enferma de las compras casi me llevo unos cuantos relojes, pero pude resistir y no me compré ninguno.
Como a fuera estábamos a más de 40Cº, más la humedad y dentro con aire acondicionado, alargamos la vuelta hasta la hora de la comida. Mientras, terminamos de hacer las compras y cargamos con más de 15 pañuelos de distintos colores (qué vicio).
Cuando salimos, fuimos dando un paseo hasta el Mc Donal´s. Una vez que comimos estuvimos haciendo tiempo y dando vueltas por la zona. Llegado un momento me di cuenta de que nos estaban siguiendo. Cuando se lo dije a Guille, me dijo tan tranquilo que ya lo sabía, que desde que habíamos salido de comer estaba detrás nuestra. Yo cada vez me estaba mosqueando más y más y más....Al final desistimos y no quisimos decirle nada. Hemos llegado a la conclusión de que lo hacen por curiosidad, por ver que hacemos, que costumbres tenemos, etc. Os vuelvo a comentar que hay personas hindúes que nunca antes han visto a un occidental y les sorprende muchísimo.
A la vuelta conseguimos sobrevivir después de participar en una carrera de tuk tuk. Al principio nos reíamos cuando los dos conductores jugaban con sus"vehículos" pero cuando casi nos comemos a un autobús....la cara se nos cambió y el corazón casi se nos sale. Veinte días en India, sin pasar nada en la carretea con 3521Km y a 3 Km del hotel casi nos estrellamos.
Cuando llegamos, a pesar de ser pronto, ya que no eran más de las 6 de la tarde, cogimos las mochilas y nos fuimos al aeropuerto con un taxi que nos cobró cobró 380 Rs (comparado con las 600Rs que pedía el hotel, estaba muy bien). Como era lo último que nos quedaba, menos dos billetes y tres monedas de recuerdo, no le dimos propina y casi nos tira las maletas a la cara...
Estuvimos dando una vuelta por el amplísimo aeropuerto, comprando más cosas y por fin embarcamos. Del vuelo...no os puedo decir mucho. Cenamos un pollo riquísimo y me dormí las 8 horas hasta llegar a Amsterdam. Creo que el hecho de volver a casa me relajó tanto que no me enteré de nada hasta que Guille me dio un toque para que me fuese espabilando...
El vuelo de Amsterdam a Madrid se me hizo muy corto. Por fin pisábamos tierras españolas, bueno, tierras madrileñas. Lo primero que hice fue llamar a mi madre para preguntarla que se había hecho de comer lo que la pedí. Ella contenta me dijo claro, que me había preparado un plato enorme.
El vuelo de Amsterdam a Madrid se me hizo muy corto. Por fin pisábamos tierras españolas, bueno, tierras madrileñas. Lo primero que hice fue llamar a mi madre para preguntarla que se había hecho de comer lo que la pedí. Ella contenta me dijo claro, que me había preparado un plato enorme.
Aquí me despedí de Guille, que el también tenía comida con sus padres. Fue una despedida muy alegre, no porque estuviese harta d estar 24 horas con el, si no porque en este viaje ha sido mi compañero, pareja y amigo.

Que pena, que esto se acabe! molaba tener una dosis Indú cada mañana!
ResponderEliminarLa verdad que hemos pasado buenos y malos momentos, pero dejan un buen sabor de boca, muchas experiencias, muchas vivencias y muchos recuerdos inolvidables.
Tu también fuiste buena compañera de viaje, pareja y amiga! :)
El próximo diario... ¿de donde?