martes, 18 de octubre de 2011

10/ Julio/ 2011

Este día terminamos las compras y todos los regalos que nos faltaban. Nos tocaba hacer mucho hueco en la mochila de todo lo que habíamos comprado hasta ahora.







Un día cualquiera en Varannasi....







Se que no viene a cuento contar esto, pero luego os explico el por qué lo hago. Cuando estábamos mirando ropa, empezamos a escuchar  mucho jaleo en la calle. Fue entonces cuando nos asomamos y vimos un grupo de hombres cargados con dos cañas de bambú y una persona arriba atada con cuerdas. Nosotros en este momento nos quedamos atónitos, ya que nunca habíamos visto tal escena, tan al descubierto y con tanta naturalidad.  Tras este inciso sigo contando como  transcurrió nuestro día... 

Estuvimos toda la mañana perdiéndonos por las callejuelas, paseando, regateando, mirando como adelantar los vuelos (imposible) y cuando hicimos hambre fuimos a comer a un restaurante que nos aconsejaron en el guest house donde nos alojábamos.

Se llama Monalisa y es genial. Por fuera, como casi todo en India, es muy cutre, pero la comida es muy abundante y riquísima. Una pena no tener hueco para el postre y eso que yo soy de las que prefieren dejar comida para dejar sitio al dulce.

Después de comer hasta reventar fuimos a dormir la siesta. Era muy gracioso entrar en la habitación porque cada vez que nos íbamos, dejábamos el aire acondicionando y el ventilador puesto para cuando llegásemos estuviese fresquito. Justo esa tarde cuando fuimos a reposar, creo que debimos poner muy bajo el aire y al entrar la ropa que teníamos tendida estaba tiesa, los pelillos de punta y cada vez que hablábamos salía vaho.  Claro, con el contraste de los 40Cº de la calle a los 18 Cº de la habitación, empezó un moqueo constante acompañado de dolor de garganta...

Una vez hecha la digestión, fuimos a montar en barca por el Ganges. Creo que es algo obligatorio y después de haber montado, me reafirmo.
Nos cobraron 450 Rs por una barca para nosotros solos durante una hora. Para mi, este paseo en barca viendo desde otro lado Varannasi, junto con  la visita al Taj Mahal, han sido los momentos más intensos de mi viaje.



El barquero, con un inglés muy malo pero esforzándose, nos iba contando cosas. Nos señalaba cuales eran los Ghats más famosos, donde estaban las incineradoras, cuales eran los rituales que se hacían tras la muerte...
Cuando estábamos callados, observando el panorama y cada uno haciendo fotos, vimos dos cañas de bambú con flores alrededor. Corriendo y recordando lo que habíamos visto por la mañana mientras comprábamos, le preguntamos al barquero que era eso.

Ellos hicieron un gesto parecido al que hacen los cristianos cuando se santiguan y nos contaron que era "Un muerto por mordida de serpiente".
Nos impactó ver a este fallecido horas antes al descubierto sobre bambú y por la tarde boca abajo recorriendo el río. Extrañados le preguntamos si no se le incineraban y nos contó que a los muertos por mordedura de serpiente (nos dijo que era una causa muy común), leprosos, santones, embarazadas o niñ@s menores de 15 años, no se les incineraba.




Aquí podeis ver nuestro balcón desde el río


Después de quedarnos atónitos con todo lo que nos rodeaba llegamos a una de las incineradoras donde nos dijeron que solo podríamos hacer fotos con mucho cuidado de no ser vistos. Justo, en ese preciso instante, sacaron a  un fallecido cubierto por más de un centenar de pétalos amarillos, blancos y naranjas e iban a iniciar el ritual antes de comenzar la cremación.

Por suerte o por desgracia nuestra barca tenía que dar la vuelta y llegar al sitio de partida.
Ya se que va a sonar muy sádico, repugnante, cruel y salvaje, pero tanto a Guille como a mi nos hubiese gustado ver todo el ritual.
Considero que es bonito ver como celebran o ensalzan  la muerte de un ser querido en vez de convertirlo en momentos  trágicos y dolorosos como hacemos en otras culturas.
De camino al punto de partida íbamos viendo el ritual de La Puja en los distintos Ghats y con muchísima pena, nos bajamos de la barca.







Impresionante el atardecer desde el río







Cuando aún seguíamos haciendo compras nos quedamos un rato en la tienda de un hindú al que conocimos el primer día al llegar a Varannasi. Hablaba español perfectamente (estuvo viviendo 6 años en España) e intercambiamos opiniones sobre la cultura india. No os las voy a escribir porque tardaríamos horas y horas...Este tema tratado con un hindú y que encima ha vivido fuera con culturas tan distintas, puede ser muy extenso... El caso es que hicimos buena amistad, incluso nos dio su Facebook, pero con esos nombres ha sido imposible localizarle...

El día anterior, antes de ver la puja y mientras repartíamos pinturas a los más pequeños, nos hicimos amigos de seis niñas de no más de 10 años. Tengo que decir que me "enamoré" de una de ellas. A parte de ser inteligente, estudiante y vendedora después del colegio, tenía unos ojos enormes, de los que te hipnotizan.
Cada vez que me veía me pegaba un tirón de la ropa para saludarme y esa noche, de camino al hotel, volví a saludarla y a despedirme a la vez. Me quedé con mucha pena, pero a la vez me fui con una sonrisa a dormir.


En la foto estaba enfadada porque no quería que su amiga (la más alta) saliese en la foto. 

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