Es genial despertarse con el amanecer en mitad de la nada pero tocaba volver. Montamos de nuevo en los camellos y fuimos a visitar dos aldeas con el fin de regalar el material escolar que traíamos desde España. Estos momentos los viví de manera muy intensa y con mucho contraste. Digo contraste, porque al principio me alegré muchísimo al ver sus caras cuando les hacíamos fotos, cuando les regalábamos bolígrafos, pinturas, cuando les dábamos cremita, etc, pero a la vez me entristeció mucho verles tan sucios y en una situación tan precaria.
Cuando llegamos del safari, fuimos a visitar los templos jainistas y las preciosas havelis que adornan la ciudad.
Durante la visita, conocimos una pareja de españoles con los que estuvimos comentando como llevábamos el viaje.Nos dijeron la ruta que tenían planeada y más o menos era igual a la nuestra, por lo que seguramente les veríamos en más ciudades. Más tarde buscamos algún sitio para comer y fue entonces cuando subimos a la azotea del restaurante, y tras esperar y ver que no venía nadie, nos fuimos y….sucedió la desgracia. Me caí por las escaleras, golpeé la cámara y me torcí el tobillo.
Durante la caída, que fueron escasos segundos, se me pasaron mil cosas por la cabeza. Pensé en la cámara recién estrenada, en mi familia cuando se enterase, en como iba a continuar el viaje, en fastidiar a Guille y volvernos a España, si tendría que visitar algún hospital, etc.
Fue tanto el susto que acto seguido me dio un ataque de ansiedad, pero gracias a mi compañero de aventura, conseguimos llegar al hotel. Pobre Guille, que susto se llevó. Estaba bloqueado sin saber que hacer, pero aún así fue una gran ayuda física y psicológica.
Ese día lo perdimos entero y con muchísima pena por no visitar el lago Gadi Sagar pero era incapaz de apoyar el pie en el suelo. Al final nuestra comida se basó en dos bolsas de patatas fritas y un par de coca-colas. Al llegar la noche, el hotel donde nos alojábamos nos hizo el favor de prepararnos la cena (de nuevo lentejas con arroz). Mientras la cenábamos, tuvimos un rato divertido, ya que sólo se nos escuchaba aspirar para calmar el picante de las lentejas.
Aquí tenéis la despedida de una de las aldeas que visitamos





